Friday, October 13, 2006

El APRA y el Partido Socialista


Por José Díaz Gallardo(1)

Aunque es muy posible que muchos militantes socialistas de nuestro país lo ignoren, algunas de las señas de identidad más propias del PS tienen su origen en el APRA. Por de pronto, símbolos tan entrañables para los militantes más antiguos del socialismo chileno como la bandera y la Marsellesa, son copias casi exactas de las creadas por los militantes peruanos de los años 20 y 30 del siglo pasado.

En las recientes elecciones presidenciales peruanas, realizadas el pasado domingo 9 de abril, el paso a segunda vuelta del candidato presidencial del APRA, Alan García Pérez, aunque especialmente estrecho, se puede atribuir tanto al indiscutible carisma del líder aprista, como a la sólida inserción en la sociedad del partido socialdemócrata peruano.

La relativa sorpresa de la ubicación del APRA en segundo lugar en la primera vuelta presidencial, podría ser coronada con la muy probable victoria sobre el candidato autoritario populista, Ollanta Humala en la segunda vuelta de junio próximo.
Aunque en el actual escenario político peruano existen muchas variables de corto plazo o coyunturales, como la opción de un sector de la población del mal menor, y el miedo a la involución autoritaria que representaría Humala; la probable victoria aprista tiene elementos que le son propios y distintivos.

El APRA es un partido político peruano con una historia muy singular; una de ellas es haber desarrollado en sus orígenes (en la década del 20 y 30 del siglo pasado), una fuerte influencia en varias organizaciones políticas de América Latina, como fue el caso del Partido Socialista de Chile.

Aunque es muy posible que muchos militantes socialistas de nuestro país lo ignoren, algunas de las señas de identidad más propias del PS tienen su origen en el APRA. Por de pronto, símbolos tan entrañables para los militantes más antiguos del socialismo chileno como la bandera y la Marsellesa, son copias casi exactas de las creadas por los militantes peruanos de los años 20 y 30 del siglo pasado. A continuación reproducimos el himno aprista:

Contra el pasado vergonzante
Nueva doctrina insurge ya
Es ideal realidad liberante
Que ha fundido en crisol la verdad
Tatuaremos con sangre en la historia
Nuestra huella pujante y triunfal
Que dará a los que luchen mañana
Digno ejemplo de acción contra el mal
Peruanos abrazadLa nueva religión
La Alianza Popular conquistará
La ansiada redención

Que viva el APRA compañeros
Viva la Alianza Popular
Militantes puros y sinceros
Prometamos jamás desertar
Reafirmemos la fe en el aprismo
Que es deber sin descanso luchar
La amenaza del imperialismo
Que a los pueblos quiere conquistar
Apristas a lucharUnidos a vencer
Fervor, acción, hasta triunfar nuestra revolución.

Algunos antecedentes indican que fueron militantes socialistas de Concepción los que copiaron la letra del himno aprista.

En un plano algo más sustantivo, una de las fórmulas doctrinarias distintiva del PS, también tiene su origen en le APRA y su líder Víctor Raúl Haya de la Torre; por mucho tiempo el sujeto del cambio social para los socialistas eran los “trabajadores manuales e intelectuales”, expresión que se encuentra en los trabajos de Haya de la Torre de fines de los años 20. (Al respecto resulta decidor una visita al sitio Web del APRA, ver, http://www.apra.org.pe/).

En realidad los orígenes y perfiles iniciales de ambos partidos son muy similares. Fueron influidos, ambos, por los procesos revolucionarios que acontecían por esos años en la región y en el mundo. En América Latina la revolución mexicana de 1910 y la revolución rusa de 1917, marcaron a generaciones de estudiantes y jóvenes intelectuales sensibles a la justicia social. Los años veinte en la región no sólo fueron los “locos años veinte”, también fueron los agitados y comprometidos tiempos en que los sectores obreros despertaban a la organización sindical y política, y segmentos de las clases medias, compuestas por civiles y militares, desafiaban el poder político de los grupos oligárquicos.

El APRA fue fundado por Haya de la Torre en México en 1924 y en el Perú en septiembre de 1930. En el plano doctrinario su fundador concibió el movimiento como una adaptación de las enseñanzas de Carlos Marx a las condiciones particulares de América Latina y el Perú. Haya de la Torre en su obra fundamental, “El Antiimperialismo y el APRA” (editado en Santiago en 1936), destaca la imposibilidad de repetir el camino de Europa, ya que para esta, el imperialismo es la etapa final de su desarrollo, mientras que para América Latina, en cambio, el capitalismo sólo podía ser producto de la expansión imperialista.

Una de las principales señas de identidad del aprismo es el americanismo. El ideal americanista del APRA lo sintetizó Haya de la Torre en 5 puntos: 1) acción contra el imperialismo yanqui, 2) por la unidad política de América Latina, 3) por la nacionalización de tierras e industrias, 4) por la internacionalización del Canal de Panamá y 5) por la solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo. Esta plataforma, a fines de los años 20, coincidía bastante con los planteamientos del V Congreso de la Internacional Comunista. Sin embargo, la ruptura entre comunistas y apristas no demorarían en llegar.

Aunque Haya de la Torre sostenía, al igual que los comunistas, que en las condiciones particulares de América Latina el imperialismo sólo podría ser derrotado a través de la formación de un frente único de trabajadores manuales e intelectuales. Lo que diferenciaba al líder peruano, y lo aparta violentamente del comunismo, era su negativa a conceder al proletariado una función de dirección de este proceso; la debilidad estructural del proletariado de la región, llevaba al líder a considerar la creación de partidos de “clase”, como utópico y peligroso.

En el plano de las propuestas, progresivamente el aprismo transita desde una extensión continental del movimiento a una perspectiva más nacional, basada ya no en la destrucción del imperialismo, sino en su control y contención, y en la modernización el sistema económico y social.

De este modo, la evolución política del APRA ha sido de una paulatina moderación y legitimación en la sociedad peruana. Desde sus orígenes se generó un marcado antagonismo entre el aprismo y los militares; confrontación que dio pie al denominado “veto militar” muy presente hasta los años 60.

Sin embargo, se trata de un partido de origen radical, revolucionario, que participó en su historia de múltiples conatos subversivos. Comienza esta historia en 1931, cuando los apristas denuncian un fraude en las elecciones, sublevándose al año siguiente en la ciudad norteña de Trujillo, centro azucarero donde tenía fuerte presencia (incluso conformó un gobierno local). La represión posterior, habría costado la vida de centenares, si no miles de apristas.
En la siguiente década, en 1948, el aprismo impulsa un sangriento motín en el puerto del Callao, donde cuenta con el apoyo de personal de la armada. El asesinato político también estuvo entre los instrumentos a los que recurre la militancia de este partido, como en el caso del asesinato del coronel Luis Sánchez Cerro, ex presidente peruano.

Estas cruentas incidencias, trajeron por una lado, un profuso martirologio, y por otro, el exilio de una gran cantidad de dirigentes y militantes apristas en diversos países de la región, entre ellos Chile. Este último fue el canal privilegiado de la influencia del APRA en el continente.

En un plano más general, a fines de la década de los 30, el APRA se trasforma en una partido de masas, cuyo líder se aproximó a los EE.UU. en los años de la Segunda Guerra Mundial; cuando en Perú forma parte de una coalición que apoya un gobierno constitucional y la estabilidad económica. En 1948, un golpe militar ilegaliza nuevamente al APRA y Haya de la Torre permanece por cinco años asilado en la embajada de Colombia en Lima.

Durante la Guerra Fría, el APRA atenúa el radicalismo de su programa y su líder se destaca por su anti-comunismo. El proceso de involución le genera divisiones que en su ala izquierdista, que termina en los años 60 en la implantación frustrada de una guerrilla.

Después de la muerte del líder (1979) el APRA se debilita, lo que permite el triunfo del centro derechista, Fernando Belaude Terry. En 1985 el APRA tiene su primera experiencia de gobierno, encabezada por Alan García Pérez, el líder que unifica el aprismo. Administración especialmente desastrosa, debido a una política populista y estatista, que en el contexto internacional de los años 80 resulta frustrada. La corrupción y el terrorismo de Sendero Luminoso, contribuyó al sonado fracaso de la experiencia de gobierno del APRA.
A pesar de la fallida gestión, el carisma de Alan García logró que en las elecciones del año 2001, el partido fuera vencido sólo en la segunda vuelta por Alejandro Toledo. No obstante, ese año se logró la reconstrucción electoral del partido, al llegar al 47% del voto presidencial, y en 2002 triunfó en 12 regiones y 235 municipios, que le permitirán adiestrarse en la administración pública.

(1) ver más en www.centroavance.cl

Monday, September 04, 2006

A 36 años del triunfo popular...



Discurso de la Victoria.

Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores. ¡Qué significativa es -más que las palabras- la presencia del pueblo de Santiago que, interpretando a la inmensa mayoría de los chilenos, se congrega para reafirmar la victoria que alcanzamos limpiamente el día de hoy, victoria que abre un camino nuevo para la patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado! ¡Qué extraordinariamente significativo es que pueda yo dirigirme al pueblo de Chile y al pueblo de Santiago desde la Federación de Estudiantes! Esto posee un valor y un significado muy altos.

Nunca un candidato triunfante por la voluntad y el sacrificio del pueblo usó una tribuna que tuviera mayor trascendencia, porque todos lo sabemos: la juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre, sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile alcanzada limpiamente esta tarde.

Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan solo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre; y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal y que se lo debo a radicales, socialistas, comunistas, socialdemócratas, a gentes del MAPU y del API, y a miles de independientes. Se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria; se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre.

La victoria alcanzada por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente, que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro, y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a La Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular.

Lo dije: No tenemos ni podríamos tener ningún propósito pequeño de venganza. Sería disminuir la victoria alcanzada. Pero, si no tenemos un propósito pequeño de venganza, tampoco, de ninguna manera, vamos a claudicar, a comerciar el programa de la Unidad Popular, que fue la bandera del primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional y revolucionario de la historia de Chile.

Dije, y debo repetirlo: Si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.

Pero yo sé que ustedes, que hicieron posible que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra.

Hemos triunfado para derrotar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una seria y profunda reforma agraria, para controlar el comercio de importación y exportación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo.

Por eso, esta noche, que pertenece a la historia, en este momento de júbilo, yo expreso mi emocionante reconocimiento a los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria. Para los que están en la pampa o en la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile, para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el compañero presidente.

Han sido el hombre anónimo y la ignorada mujer de Chile los que han hecho posible este hecho social trascendental. Miles y miles de chilenos sembraron su dolor y su esperanza en esta hora que al pueblo pertenece. Y desde otras fronteras, desde otros países, se mira con satisfacción profunda la victoria alcanzada. Chile abre un camino que otros pueblos de América y del mundo podrán seguir. La fuerza vital de la unidad romperá los diques de las dictaduras y abrirá el cauce para que los pueblos puedan ser libres y puedan construir su propio destino. Somos lo suficientemente responsables para comprender que cada país y cada nación tiene sus propios problemas, su propia historia y su propia realidad. Y frente a esa realidad serán los dirigentes políticos de esos pueblos los que adecuarán la táctica que deberá adoptarse. Nosotros sólo queremos tener las mejores relaciones políticas, culturales, económicas, con todos los países del mundo. Sólo pedimos que respeten -tendrá que ser así- el derecho del pueblo de Chile a haberse dado el gobierno de la Unidad Popular.

Somos y seremos respetuosos de la autodeterminación y de la no intervención. Ello no significará acallar nuestra adhesión solidaria con los pueblos que luchan por su independencia económica y por dignificar la vida del hombre en los distintos continentes.

Sólo quiero señalar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y amenaza; la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad. Cuando un pueblo ha sido capaz de esto, será capaz también de comprender que sólo trabajando más y produciendo más podremos hacer que Chile progrese y que el hombre y la mujer de nuestra tierra, la pareja humana, tengan derecho auténtico al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al descanso, a la cultura y a la recreación. Pondremos toda la fuerza creadora del pueblo en tensión, para hacer posible estas metas humanas que se ha trazado el programa de la Unidad Popular.

Juntos, con el esfuerzo de ustedes, vamos a realizar los cambios que Chile reclama y necesita. Vamos a hacer un gobierno revolucionario. La revolución no implica destruir, sino construir; no implica arrasar, sino edificar; y el pueblo de Chile está preparado para esa gran tarea en esta hora trascendente de nuestra vida.

Compañeras y compañeros, amigas y amigos: ¡Cómo hubiera deseado que los medios materiales de comunicación me hubieran permitido hablar más largamente con ustedes, y que cada uno hubiera oído mis palabras, húmedas de emoción, pero al mismo tiempo firmes en la convicción de la gran responsabilidad que todos tenemos y que yo asumo plenamente!

Yo les pido que esta manifestación sin precedentes se convierta en la demostración de la conciencia de un pueblo.

Ustedes se retirarán a sus casas sin que haya el menor asomo de una provocación y sin dejarse provocar. El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Y aquellos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y la responsabilidad de ustedes. Irán a su trabajo mañana o el lunes, alegres y cantando, cantando la victoria tan legítimamente alcanzada y cantando al futuro. Con las manos callosas del pueblo consciente y disciplinado podrá realizar.

América Latina y más allá de la frontera de nuestro pueblo, miran el mañana nuestro. Yo tengo plena fe en que seremos lo suficientemente fuertes, lo suficientemente serenos y fuertes, para abrir el camino venturoso hacia una vida distinta y mejor; para empezar a caminar por las esperanzadas alamedas del socialismo, que el pueblo de Chile con sus propias manos va a construir.

Reitero mi reconocimiento agradecido a los militantes de la Unidad Popular; a los Partidos Radical, Comunista, Socialista, Social Demócrata, MAPU y API; y a los miles de independientes de izquierda que estuvieron con nosotros.

Expreso mi afecto y también mi reconocimiento agradecido a los compañeros dirigentes de esos partidos, que por sobre las fronteras de sus propias colectividades hicieron posible la fortaleza de esta unidad que el pueblo hizo suya. Y porque el pueblo la hizo suya ha sido posible la victoria, que es la victoria del pueblo.

El hecho de que estemos esperanzados y felices no significa que vayamos nosotros a descuidar a vigilancia. El pueblo, este fin de semana, tomará por el talle a la patria y bailaremos desde Arica a Magallanes, y desde la cordillera al mar, una gran cueca, como símbolo de la alegría sana de nuestra victoria.

Pero al mismo tiempo, mantendremos nuestros comités de acción popular, en actitud vigilante, en actitud responsable, para estar dispuestos a responder a un llamado si es necesario que haga el comando de la Unidad Popular. Llamado para que los comités de empresas, de fábricas, de hospitales, en las juntas de vecinos y en los barrios y en las poblaciones proletarias vayan estudiando los problemas y las soluciones; porque presurosamente tendremos que poner en marcha el país. Yo tengo fe, profunda fe, en la honradez, en la conducta heroica de cada hombre y cada mujer que hizo posible esta victoria.

Vamos a trabajar más. Vamos a producir más. Pero trabajaremos más para la familia chilena, para el pueblo y para Chile, con orgullo de chilenos y con la convicción de que estamos realizando una grande y maravillosa tarea histórica.

¡Cómo siento en lo íntimo de mi fibra de hombre, cómo siento en las profundidades humanas de mi condición de luchador, lo que cada uno de ustedes me entrega! Esto que hoy germina es una larga jornada. Yo sólo tomé en mis manos la antorcha que encendieron los que antes que nosotros lucharon junto al pueblo y por el pueblo.

Este triunfo debemos dárselo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar.

Quiero antes de terminar, y es honesto hacerlo así, reconocer que el gobierno entregó las cifras y los datos de acuerdo con los resultados electorales. Quiero reconocer que el jefe de plaza, general Camilo Valenzuela, autorizó este acto, acto multitudinario, en la convicción y la certeza que yo le diera de que el pueblo se congregaría, como está aquí, en actitud responsable, sabiendo que ha conquistado el derecho a ser respetado; respetado en su vida y respetado en su victoria; el pueblo que sabe que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre de este año.

Quiero destacar que nuestros adversarios de la Democracia Cristiana han reconocido en una declaración la victoria popular. No le vamos a pedir a la derecha que lo haga. No lo necesitamos. No tenemos ningún ánimo pequeño en contra de ella. Pero ella no será capaz jamás de reconocer la grandeza que tiene el pueblo en sus luchas, nacida de su dolor y de su esperanza.

Nunca, como ahora, sentí el calor humano; y nunca, como ahora, la Canción Nacional tuvo para ustedes y para mí tanto y profundo significado. En nuestros discursos lo dijimos: somos los herederos legítimos de los padres de la patria, y juntos haremos la segunda independencia: la independencia económica de Chile. Ciudadanas y ciudadanos de Santiago, trabajadores de la patria: ustedes y sólo ustedes son los triunfadores. Los partidos populares y las fuerzas sociales han dado esta gran lección, que se proyecta más allá, reitero, de nuestras fronteras materiales.

Les pido que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada y que esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile y cada vez más justa la vida en nuestra patria.

Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Ya lo dije un día. Lo mejor que tengo me lo dio mi partido, la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular.A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo; con la lealtad del compañero presidente.

Fuente: Centro de Documentación Fundación Salvador Allende. Archivos de Internet Salvador Allende, www.salvador-allende.cl

Monday, August 07, 2006

Sunday, August 06, 2006

Por una política socialista radical y democrática


por Daniel Melo

“Los hombres y los pueblos sin memoria de nada sirven, ya que ellos no saben rendir culto a los hechos del pasado que tienen trascendencia y significación; por esto son incapaces de combatir y crear nada grande para el futuro”.

Salvador Allende, Cámara de Diputados, 1939.

Que la política socialista hoy requiere de una transformación radical y de fondo, tanto en sus contenidos, como en su quehacer cotidiano, es sin lugar a dudas, una de las preocupaciones de cientos de jóvenes socialistas a lo largo de nuestro país. La necesidad de contar con un proyecto democrático y de izquierda, la constitución de una comunidad política basada en ideas y valores como el humanismo socialista, el rescate de nuestra identidad y memoria, la lectura de los cambios culturales que afectan a la sociedad en general y los jóvenes en particular, son algunos de los elementos que deben estar presentes en la articulación de un marco de propuestas políticas sobre el devenir de nuestra organización.

Para esto, primero es importante que definamos nuestro quehacer político, a partir de una posición en el campo de la política nacional. Los adversarios no están al interior de nuestra organización, sino que fuera de ésta: estos son, sin duda, la derecha conservadora expresada no sólo en los partidos políticos, sino que en los intereses económicos, y en la conservación de una cultura autoritaria de corte moralista, que ellos mismos defienden y representan.

Esto nos despejaría la mirada reduccionista que circula cotidianamente en el empobrecido debate tendencial interno, hacia una discusión deliberada sobre las estrategias políticas, las modalidades de estructuración orgánica, sobre los componentes ideológicos que en definitiva debieran ir concibiendo a nuestra organización como un instrumento político viable que movilice su práctica social y política hacia las demandas de las mayorías sociales.

Los jóvenes socialistas debemos -por ética- comprender la vida, y denunciar la miseria y la explotación que produce la actual lógica de acumulación del capital. Repensar la base material de nuestra sociedad, la redistribución de lo que producimos socialmente es también un punto de partida central para la construcción de un proyecto socialista radical y democrático.

Es necesario integrar esto al debate. Esta lucha por la redistribución material, viene acompañado por las luchas sociales globales que se dan en el marco de las políticas por el reconocimiento de la diferencia y de la alteridad. El cambio cultural, y la lucha por la construcción hegemónicas del orden social son esenciales para cualquier proyecto que se pretenda emancipador.

En el Chile actual con el nuevo gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet se han abierto un conjunto de expectativas de la ciudadanía respecto de la calidad de la democracia, del rol del Estado y las políticas públicas, de una mayor participación de la ciudadanía en los asuntos públicos. Esto nos debe hacer repensar nuestro quehacer político no sólo, desde una perspectiva generacional, sino que en el marco de la política nacional. Chile requiere de reformas estructurales para avanzar en lo que nuestra Presidenta ha denominado el “nuevo trato ciudadano”. Ejemplo de aquello, es la falta de instrumentos públicos con que cuenta el Estado para canalizar las demandas sociales, a propósito de las últimas movilizaciones estudiantiles, además de la existencia aún de una Constitución Política que en su locus conserva el sello neoliberal y autoritario, heredado de la dictadura militar.

En este marco es que existe una oportunidad histórica para emprender un conjunto de cambios sociales, que tienen como lugar común transformar la calidad de vida del pueblo de Chile. Aunque incipientemente se comienza a deliberar respecto del mercado laboral, la subcontratación, la educación, la vivienda digna, la participación social de la ciudadanía, esto debe ir acompañado de un debate nacional de las fuerzas políticas progresistas y de la sociedad civil en su conjunto. En este punto, las y los jóvenes socialistas debemos tener un rol central en la articulación de un gran movimiento social por la democratización real de nuestra sociedad.

Una nueva constitución para la construcción de un nuevo pacto social y político para el pueblo de Chile. Donde la voluntad del pueblo y la ciudadanía debieran ser la base de este proceso refundacional de nuestra república de cara al Bicentenario, es una tarea de primer orden para los jóvenes socialistas. Necesitamos una nueva Constitución que consagre efectivamente para cada uno de los ciudadanos y ciudadanas más democracia, más derechos y más libertades.

Los jóvenes socialistas debemos ser partícipes de la discusión por un reparto más equitativo de la riqueza y los beneficios que como sociedad generamos. Para esto, es central que promovamos mayores niveles de integración, teniendo el desarrollo del ser humano como centro de nuestra política.

De este modo, una política radical y democrática promovida desde la Juventud Socialista de Chile requiere no solo de buena voluntad, sino que también de un proceso reflexivo sobre la actual arquitectura de la sociedad en la cual se pretende llevar a acabo nuestro quehacer político y social.

En este punto es de vital importancia la coordinación del conjunto de actores sociales que estuvieron presentes en las movilizaciones secundarias y que son militantes y simpatizantes de nuestra organización. Dar contenido y forma a este proceso, debe ser un compromiso de trabajo complementario de la próxima dirección nacional con el conjunto de actores sociales.

También es central para nuestro quehacer la implementación real y democrática de un proceso de discusión ideológica, donde se definan cuáles son los contenidos políticos que vamos a socializar entre nuestra militancia y la sociedad. La Juventud Socialista debe ser un espacio de deliberación y pluralidad, de formación y perfeccionamiento de los militantes. Debemos promover una base sólida en valores democráticos, en una cultura de la fraternidad y la amistad cívica entre cada uno de nuestros militantes.

Así también, debemos compenetrar nuestro trabajo universitario con en el mundo popular, en los espacios territoriales y del debate social. Entrecruzar una mirada desde los procesos urbanos hacia lo rural y desarrollar su propia particularidad, considerando la emergencia de las nuevas tecnologías de la información y la diversidad de códigos culturales, que van estructurando cada vez -con más fuerza- las nuevas realidades juveniles.

La radicalidad democrática de nuestra política socialista juvenil viene dada por mirar y aprender de la historia, recuperando la memoria y la experiencia del mundo popular y de los trabajadores, de los jóvenes estudiantes de la reformar universitaria, de aquellos que soñaron con un mundo distinto en la Unidad Popular, y que tomaron como valor la consecuencia de Carlos Lorca al conducir el PS en plena dictadura. Proviene también, de toda una generación que posibilitó la transición a la democracia y la unidad del socialismo chileno, disponiéndolo en función de propósitos “de país”, contribuyendo a construir una sociedad democrática, dejando de lado la pequeñez política del juego tendencial.

Comprender aquello, nos permitirá interpretar de mejor manera las nuevas luchas sociales de este tiempo, y sumarnos con más fuerza al conjunto de procesos políticos que tienen cabida y posibilidad de solución en el gobierno de la Presidenta Michel Bachelet, haciéndonos cargo de las reivindicaciones de la sociedad civil, las que tienen como fin último –indudablemente- hacer de Chile una sociedad más justa, tolerante y democrática. ______________________________________________________
Daniel Melo Contreras. Actual secretario general Juventud Socialista de Chile. Licenciado en Sociología Universidad Arcis, Magíster (c) Asentamientos Humanos y Medio Ambiente, Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales, PUC.

Tuesday, August 01, 2006

Thursday, July 20, 2006



Acerca de la cosa pública y la participación del mundo juvenil
Carlos Benedetti R
Estudiante Trabajo Social UCSC
Secretario político JS Chiguayante.

Cuando se hace referencia a la participación del mundo juvenil en las cuestiones fundamentales del quehacer político social, a nivel micro social y macro social, se puede interpretar como el interés del mundo juvenil en dar respuesta a problemáticas propias así también como a intereses colectivos, que están condicionados por el entorno socio cultural, por las posibilidades que los jóvenes tienen para desenvolverse, para deliberar, actuar de acuerdo a necesidades y objetivos; además, en estrecha relación están las posibilidades que el poder político abre a la juventud, es decir, las oportunidades que el Estado mismo (directa o indirectamente) entrega a los jóvenes de autorrealizarse.

A simple vista podemos ver la gran problemática que se contextualiza en nuestro entorno: El aparente desinterés del mundo juvenil en las cuestiones que realmente pueden responder a sus necesidades e inquietudes, y las posibilidades que los organismos gubernamentales (en especial locales) entregan, siendo estos, escasos o simplemente no son capaces de captar, interpretar las necesidades e intereses de la juventud y por consiguiente no son capaces de dar respuesta a estos, abriendo así la posibilidad de desperdiciar el potenciamiento de habilidades y la autorrealización de muchos jóvenes.

Es así como se genera un círculo vicioso en nuestra sociedad, quizás convergen mas factores, pero los mencionados anteriormente reflejan legítimamente la problemática juvenil. Durante dieciséis años se dijo que el mundo juvenil estaba totalmente ajeno a lo que pasaba a su alrededor, pero cabe preguntarnos ¿por qué? A lo mejor el poder político, luego de recuperada la democracia solo se queda con la palabra democracia, no conceptualizando profundamente la misma en los espacios destinados al desarrollo juvenil, generando por ende el desinterés juvenil, de aquí surge otra interrogante: ¿A quien se pregunta lo que los jóvenes realmente necesitan?, para reflexionar... Otra respuesta sería la entrega de referentes totalmente vacíos, sin contenido ni norte a la juventud por parte de los medios de comunicación masiva. Pero en el presente se visualizan cambios, una señal de ello fue el movimiento estudiantil de mayo- junio, “la revolución de los pingüinos” fue capaz de decir que la educación había que someterla a revisión, fue una expresión genuina de interés social demostrada por jóvenes.

Si de participación e interés se trata ese es un gran ejemplo, pero veamos otro, ahora relacionado con las posibilidades que el poder político (local) entrega a los jóvenes para el desenvolvimiento de sus intereses: En España, específicamente en Barcelona, el arte graffiti es una expresión juvenil aceptada ¿por qué? Por que las autoridades locales han sido capaces de abrir los espacios necesarios para el desarrollo de la actividad, y los murales realizados por estos jóvenes cuentan con la protección de las autoridades. Quizás entre España y Chile existan diferencias culturales sustanciales ¿pero por que no intentar?

Aparentemente somos un país moderno pero existe conciencia crítica de que nuestra modernización también genera exclusión y nuevas diferencias, en especial con los jóvenes. Y justamente gran parte de esa conciencia crítica proviene del mundo juvenil. He aquí la responsabilidad de la juventud y de las autoridades: dar respuesta a qué alternativas existen o pueden ser planteadas, para dar pie a una sociedad con una juventud plenamente integrada y un poder político administrativo que de respuestas concretas y reales a las necesidades de la sociedad civily que por lo demás posibilite su accionar. Que responda no sólo en cuestiones materiales, sino también con cuestiones que van mas allá de lo visible, cuestiones que llegan exclusivamente al individuo como tal: el descubrimiento del trabajo colectivo, el descubrimiento de potencialidades y habilidades que le pueden conducir a un accionar ciudadano y cotidiano integral. Y a nivel más macro, la profundización de una vida democrática, activa en todos los ámbitos del quehacer del ciudadano, y en especial del joven en la sociedad civil.

Tuesday, July 11, 2006

11 de julio Dia de la Dignidad Nacional